El perdón Todo posible problema personal viene dado por la relación humana. La base de la relación humana son los padres, los abuelos, los hermanos. Dependiendo de lo que haya vivido en la relación humana inicial, y fundamentalmente con los dos pilares que representan el padre y la madre, así viviré la relación humana en la pareja, en la amistad, etc. En el apartado psicológico personal este es un trabajo importante para hacer. Cuando se ve esto y se profundiza en esa visión, aunque parezca que nunca me quite de encima mi problema habitual de relación humana o de angustia y malestar, surge creativamente una solución sencilla. La solución consiste en liberarse de un patrón que está establecido en nosotros de cómo somos, de nuestra manera de ser, que nos impide estar abiertos, frescos, libres en el presente. Debemos ir a buscar este patrón en la relación con el padre y con la madre o, si había mucha relación, con abuelos, etc. Estamos repitiendo patrones a partir de esas relaciones iniciales.
Vinculado con eso, está todo trauma importante que haya tenido con la relación humana a temprana edad. Puede ser con un amigo, una amiga, un maestro, etc. Ahora, si me pongo a mirarlo, posiblemente sólo sea un recuerdo que aparentemente no afecta para nada en mi vida. Pero justamente es esto, además de las relaciones con el padre y la madre, lo que configura mi problema de relación humana, lo que siempre me sucede en mis relaciones humanas, ya sean de amistad o de pareja. El problema puede consistir en una marginación, una falta de expresividad, o bien, en una excesiva expresividad y continuo ataque al otro. Lo que sustenta todo esto es esa base inicial que se creó en la infancia.
Yendo un poco más allá, en el sentido de que es algo usualmente poco comprendido, hay que decir que es completamente falso que yo como fuerza de vida soy “fulano de tal”, que el otro está separado de mí y que dar y recibir son dos fuerzas completamente opuestas. La verdad es que esencialmente soy conciencia, lo cual quiere decir que todo lo que se presenta en la conciencia lo soy. Por lo tanto, subsanar mi problema con el padre o la madre que yo tengo dentro, independientemente del padre o la madre de fuera, es solucionar mi mundo. Toda culpa que yo proyecto mentalmente al otro es mi propia culpa no reconocida en mí. Aunque yo viva muy intensamente que el otro es culpable, se trata de mi culpa. Si yo puedo perdonar al otro, en realidad me estoy perdonando a mí mismo, todo lo que quede sin perdón hacia el otro, es un problema en mí. Cuando esto se empieza a ver, es una oportunidad para solucionar todo problema con todo el mundo. Y cuando se soluciona de verdad el problema con el mundo que, como anteriormente se ha dicho, fundamentalmente es solucionar el problema con los padres, como por arte de magia cambia mi relación. Se va diluyendo esa angustia. No perdonar al otro es una incapacidad de perdonarme a mí mismo.
Partiendo de esta pequeña explicación, cuando observo la problemática que he vivido con mi padre o con mi madre, o los traumas que he vivido con las diferentes personas que se pueden haber “pasado” conmigo de una u otra manera, puedo crear una fórmula para subsanar ese problema. Puedo liberar esa parte, que está ahí aunque pase desapercibida a la mayoría de las personas. Y aunque uno se diga razonativamente que no debe tener problemas de relación con el mundo, continúa teniéndolos, porque continúa repitiendo el mismo patrón que se creó en el momento de las relaciones iniciales con los padres, las cuales establecieron que yo era de una determinada manera. Pero yo no soy de una determinada manera, las maneras pueden cambiar.
Y podemos usar una metodología para subsanar eso. La solución consiste en perdonar al otro, pero para perdonar al otro hay que pasar por expresar lo que sentí y que a lo mejor no expresé. Puede ser que me sintiera no querido, no valorado, despreciado, etc. Lo que yo sentí puede tener una relación muy directa con lo que me decían, o simplemente fue el resultado de mi interpretación particular de aquella situación.
Tengo que hacer las paces con esos problemas internos, y fundamentalmente con la base del padre y la madre. Si no, luego no podré vivir la frescura inmediata del presente, que es lo único que realmente es verdad. Muchas veces la persona se propone vivir el presente, fresco, libre, sin cargas; quiere dejar el pasado atrás, pero esa libertad del presente, fresco, sin cargas, no aparece. Y cuando parece que aparece, desaparece.
Uno puede hacer un trabajo a conciencia para recordar la relación que ha tenido con sus padres, que es totalmente suya. Es una interpretación y un malestar suyos, por mucho que parezca que los otros se lo han hecho pasar mal. La solución de nuestro problema es la solución al problema de nuestro mundo, que es nuestro padre y nuestra madre, y eso soluciona todo. Solucionar mi mundo es solucionar todo el mundo, porque solamente hay un mundo (que es mi mundo). Y si lo vemos, nos daremos cuenta de que es muy urgente solucionar eso; expresar lo mal que lo pasé, como un niño inocente que se expresa. Y perdonar al otro, que en realidad es perdonarme a mí mismo, porque toda culpabilidad es la vivencia que tengo de no haber sido aquello que querían que yo fuera o no haberlo sido suficientemente. Yo no era lo que mi padre o mi madre querían que fuera.
Esto se repite de tal manera que venimos cargados con toda la herencia de un sinfín de generaciones. Es una carga de herencia que ahora se puede solucionar. Uno puede retirarse y recordar, expresar, llorar, si es necesario, y perdonar al otro. Puede parecer infantil hacer eso, o que no vale la pena, pero vale mucho la pena, porque es quitarte el sentimiento de culpa por no haber sido como tus seres queridos querían que fueras. Y liberarte de esa culpabilidad, que va acompañada de la moral social que dicta lo que está bien y lo que está mal, te permitirá llegar a vivir abierto, libre, con cualquier persona.
No podré vivir con sencillez y de forma sana los diferentes aspectos de la relación humana (la afectividad, la sexualidad, el intercambio de ideas, etc.) mientras haya esta culpabilidad. O querré someter al otro o me sentiré tratado injustamente por haberme dejado someter. Giraré siempre sobre la misma problemática, viviendo ciclos en los que parezca que salgo del atolladero para pasar a ciclos en que me volveré a hundir en la tristeza, en la melancolía. Y esto es debido a que no acabo de comprender bien el problema que está en mí, primero como persona y luego trascendente a lo personal. Tengo que buscar la manera de liquidarlo, y liquidarlo quiere decir desculpabilizar al otro y desculpabilizarme a mí, perdonar al otro y perdonarme a mí, pero de verdad. No para quedar bien ni ser buena persona, sino por comprensión. No hay otra manera, sin esto lo arrastraré siempre.
Y puede ser que mi problema, visto desde un lado más razonativo me parezca que no es una cosa tan importante. Pero sí que es importante, porque es lo que está haciendo que se repita ahora el problema. ¿Cómo puedo yo mirar al mundo con buenos ojos, desculpabilizándolo, después de estar tantos años pensando lo malo que es el mundo y lo malas que son las personas, cuando veo el dolor que les han infringido los seres humanos unos a otros, los problemas, las injusticias? Para mí es incomprensible, cuando estoy en este nivel mental, pero el mundo es una maravilla enorme, una fuente de belleza, amor, creatividad instantánea, en cada momento. Esto lo siente el corazón, no la mente razonativa, porque la mente razonativa al fin y al cabo es muy limitada, muy cortita. Se cree que tiene razón, pero no sabe. Lo que realmente vale la pena no se sabe razonando.
Ejercitando el perdón
Voy a intentar, cerrando los párpados, ir directamente a lo que aparece como el problema peor que he podido vivir en relación con una o varias personas. Voy a intentar, un poco, vivir lo que sentía. Lo que sentía de verdad. Me podía haber sentido no querido, no valorado, no admirado, despreciado. Me podía haber sentido tonto, feo. En mí está como una losa de yo ser así. Lo expreso mentalmente ahora: “me sentía así”. Es la sencillez y sensibilidad en el momento. “Me sentía de esta manera”. Y en mí, al mismo tiempo, estaba una fuerza de amor que se podía convertir en rabia, incomprensión, porque yo me vivía así. Y la fuerza de incomprensión hacia el otro, que según mi interpretación me hacía vivir eso, estaba ahí. Y he de comprender que ese yo es un yo creído, que la conciencia es todo lo que aparece. Y por eso perdono a toda persona, porque es mi mundo. Que esa idea de mí, ahí, encastrada, retirada, marginada a lo otro, es falsa. Que cada vez que abro los párpados, primero está la verdad y luego aparece la idea de mí como automatismos y maneras de mirar el mundo. Pero primero está el color, la forma, la sensación, el sentir. Y que cada persona, dicho de esta manera, hace lo que puede. Y cuanto más la persona está odiando a otro y está culpabilizando al otro, más está metida en un sufrimiento absurdo, porque no lleva a ningún sitio, ni tiene ninguna base real. Y por eso, porque es irreal, y yo quiero lo real, desculpabilizo a toda persona cuando la veo odiando, la vivo odiando o criticando. Y a mí mismo también, a esa idea que tengo de mí mismo también la desculpabilizo. Me quito este lastre, puedo cambiar. Es fácil, puedo cambiar y ver el mundo como lo que es en verdad. No es para ver una mentira sobre el mundo. Es que el mundo es ese sentir, es ese ver, es esa energía instantánea. Sin interpretaciones. Cuando no hay interpretación, en sí, es lo que es, en positivo. Pleno. Estoy siempre tratándome conmigo mismo. Por eso esta persona, esta situación que ahora he mirado, la perdono. Pero no es que crea que hizo algo malo y la perdono, el perdón va más allá de eso, es la comprensión de que no se pudo hacer nada más, porque había un error. No hay nadie culpable, ni yo ni nadie. Es una detención aparente de la conciencia en forma de tiempo. Y lo verdadero es lo eterno, que no se puede explicar. No tiene palabras, la palabra “eterno” sólo es una burda aproximación. Desculpabilizo a esta persona y me desculpabilizo a mí, porque es verdad que todo el mundo soy yo, y es simplemente un error el haber pensado de esa manera, negativamente. Cuando se mira detenidamente, no una pasada rápida, el cielo o una montaña son un potencial de plenitud y de gozo, sin interpretarlo. De la misma manera es toda la vida, todo el mundo. Por eso cualquier persona que aparezca en mi mundo es urgente que la perdone, si la he culpabilizado. Una persona que aparezca en mi mundo contra mí, es importante perdonarla ya. Inmediatamente, si es posible. Sea quien sea.
O veo las cosas desde la verdad, o estoy en un lugar que no es nada, que es la detención, en forma de tiempo, en una idea y unos pensamientos irreales. La conciencia misma está amando a todas las formas. Es como si la conciencia pudiera hablar y dijera ahora: “Siempre te he querido, no para sacar ningún provecho de ti, sino porque somos lo mismo; siempre te he valorado, el padre y la madre que viviste, si hubo algún problema, era un amor pasado por un filtro erróneo mental. Era un amor despistado. Pero detrás de todo ese despiste está el amor que ahora te habla. Por eso, cuando mires nuevamente a tu padre y a tu madre, míralos con ese perdón claro, limpio, porque detrás de toda su historia personal estás tú. Siempre. No hace falta nada, porque es una cosa íntima. Ver con nuevos ojos, con nueva mirada, todo el mundo. Con amor, que es con perdón”.
Jordi Barqué Senar
Vinculado con eso, está todo trauma importante que haya tenido con la relación humana a temprana edad. Puede ser con un amigo, una amiga, un maestro, etc. Ahora, si me pongo a mirarlo, posiblemente sólo sea un recuerdo que aparentemente no afecta para nada en mi vida. Pero justamente es esto, además de las relaciones con el padre y la madre, lo que configura mi problema de relación humana, lo que siempre me sucede en mis relaciones humanas, ya sean de amistad o de pareja. El problema puede consistir en una marginación, una falta de expresividad, o bien, en una excesiva expresividad y continuo ataque al otro. Lo que sustenta todo esto es esa base inicial que se creó en la infancia.
Yendo un poco más allá, en el sentido de que es algo usualmente poco comprendido, hay que decir que es completamente falso que yo como fuerza de vida soy “fulano de tal”, que el otro está separado de mí y que dar y recibir son dos fuerzas completamente opuestas. La verdad es que esencialmente soy conciencia, lo cual quiere decir que todo lo que se presenta en la conciencia lo soy. Por lo tanto, subsanar mi problema con el padre o la madre que yo tengo dentro, independientemente del padre o la madre de fuera, es solucionar mi mundo. Toda culpa que yo proyecto mentalmente al otro es mi propia culpa no reconocida en mí. Aunque yo viva muy intensamente que el otro es culpable, se trata de mi culpa. Si yo puedo perdonar al otro, en realidad me estoy perdonando a mí mismo, todo lo que quede sin perdón hacia el otro, es un problema en mí. Cuando esto se empieza a ver, es una oportunidad para solucionar todo problema con todo el mundo. Y cuando se soluciona de verdad el problema con el mundo que, como anteriormente se ha dicho, fundamentalmente es solucionar el problema con los padres, como por arte de magia cambia mi relación. Se va diluyendo esa angustia. No perdonar al otro es una incapacidad de perdonarme a mí mismo.
Partiendo de esta pequeña explicación, cuando observo la problemática que he vivido con mi padre o con mi madre, o los traumas que he vivido con las diferentes personas que se pueden haber “pasado” conmigo de una u otra manera, puedo crear una fórmula para subsanar ese problema. Puedo liberar esa parte, que está ahí aunque pase desapercibida a la mayoría de las personas. Y aunque uno se diga razonativamente que no debe tener problemas de relación con el mundo, continúa teniéndolos, porque continúa repitiendo el mismo patrón que se creó en el momento de las relaciones iniciales con los padres, las cuales establecieron que yo era de una determinada manera. Pero yo no soy de una determinada manera, las maneras pueden cambiar.
Y podemos usar una metodología para subsanar eso. La solución consiste en perdonar al otro, pero para perdonar al otro hay que pasar por expresar lo que sentí y que a lo mejor no expresé. Puede ser que me sintiera no querido, no valorado, despreciado, etc. Lo que yo sentí puede tener una relación muy directa con lo que me decían, o simplemente fue el resultado de mi interpretación particular de aquella situación.
Tengo que hacer las paces con esos problemas internos, y fundamentalmente con la base del padre y la madre. Si no, luego no podré vivir la frescura inmediata del presente, que es lo único que realmente es verdad. Muchas veces la persona se propone vivir el presente, fresco, libre, sin cargas; quiere dejar el pasado atrás, pero esa libertad del presente, fresco, sin cargas, no aparece. Y cuando parece que aparece, desaparece.
Uno puede hacer un trabajo a conciencia para recordar la relación que ha tenido con sus padres, que es totalmente suya. Es una interpretación y un malestar suyos, por mucho que parezca que los otros se lo han hecho pasar mal. La solución de nuestro problema es la solución al problema de nuestro mundo, que es nuestro padre y nuestra madre, y eso soluciona todo. Solucionar mi mundo es solucionar todo el mundo, porque solamente hay un mundo (que es mi mundo). Y si lo vemos, nos daremos cuenta de que es muy urgente solucionar eso; expresar lo mal que lo pasé, como un niño inocente que se expresa. Y perdonar al otro, que en realidad es perdonarme a mí mismo, porque toda culpabilidad es la vivencia que tengo de no haber sido aquello que querían que yo fuera o no haberlo sido suficientemente. Yo no era lo que mi padre o mi madre querían que fuera.
Esto se repite de tal manera que venimos cargados con toda la herencia de un sinfín de generaciones. Es una carga de herencia que ahora se puede solucionar. Uno puede retirarse y recordar, expresar, llorar, si es necesario, y perdonar al otro. Puede parecer infantil hacer eso, o que no vale la pena, pero vale mucho la pena, porque es quitarte el sentimiento de culpa por no haber sido como tus seres queridos querían que fueras. Y liberarte de esa culpabilidad, que va acompañada de la moral social que dicta lo que está bien y lo que está mal, te permitirá llegar a vivir abierto, libre, con cualquier persona.
No podré vivir con sencillez y de forma sana los diferentes aspectos de la relación humana (la afectividad, la sexualidad, el intercambio de ideas, etc.) mientras haya esta culpabilidad. O querré someter al otro o me sentiré tratado injustamente por haberme dejado someter. Giraré siempre sobre la misma problemática, viviendo ciclos en los que parezca que salgo del atolladero para pasar a ciclos en que me volveré a hundir en la tristeza, en la melancolía. Y esto es debido a que no acabo de comprender bien el problema que está en mí, primero como persona y luego trascendente a lo personal. Tengo que buscar la manera de liquidarlo, y liquidarlo quiere decir desculpabilizar al otro y desculpabilizarme a mí, perdonar al otro y perdonarme a mí, pero de verdad. No para quedar bien ni ser buena persona, sino por comprensión. No hay otra manera, sin esto lo arrastraré siempre.
Y puede ser que mi problema, visto desde un lado más razonativo me parezca que no es una cosa tan importante. Pero sí que es importante, porque es lo que está haciendo que se repita ahora el problema. ¿Cómo puedo yo mirar al mundo con buenos ojos, desculpabilizándolo, después de estar tantos años pensando lo malo que es el mundo y lo malas que son las personas, cuando veo el dolor que les han infringido los seres humanos unos a otros, los problemas, las injusticias? Para mí es incomprensible, cuando estoy en este nivel mental, pero el mundo es una maravilla enorme, una fuente de belleza, amor, creatividad instantánea, en cada momento. Esto lo siente el corazón, no la mente razonativa, porque la mente razonativa al fin y al cabo es muy limitada, muy cortita. Se cree que tiene razón, pero no sabe. Lo que realmente vale la pena no se sabe razonando.
Ejercitando el perdón
Voy a intentar, cerrando los párpados, ir directamente a lo que aparece como el problema peor que he podido vivir en relación con una o varias personas. Voy a intentar, un poco, vivir lo que sentía. Lo que sentía de verdad. Me podía haber sentido no querido, no valorado, no admirado, despreciado. Me podía haber sentido tonto, feo. En mí está como una losa de yo ser así. Lo expreso mentalmente ahora: “me sentía así”. Es la sencillez y sensibilidad en el momento. “Me sentía de esta manera”. Y en mí, al mismo tiempo, estaba una fuerza de amor que se podía convertir en rabia, incomprensión, porque yo me vivía así. Y la fuerza de incomprensión hacia el otro, que según mi interpretación me hacía vivir eso, estaba ahí. Y he de comprender que ese yo es un yo creído, que la conciencia es todo lo que aparece. Y por eso perdono a toda persona, porque es mi mundo. Que esa idea de mí, ahí, encastrada, retirada, marginada a lo otro, es falsa. Que cada vez que abro los párpados, primero está la verdad y luego aparece la idea de mí como automatismos y maneras de mirar el mundo. Pero primero está el color, la forma, la sensación, el sentir. Y que cada persona, dicho de esta manera, hace lo que puede. Y cuanto más la persona está odiando a otro y está culpabilizando al otro, más está metida en un sufrimiento absurdo, porque no lleva a ningún sitio, ni tiene ninguna base real. Y por eso, porque es irreal, y yo quiero lo real, desculpabilizo a toda persona cuando la veo odiando, la vivo odiando o criticando. Y a mí mismo también, a esa idea que tengo de mí mismo también la desculpabilizo. Me quito este lastre, puedo cambiar. Es fácil, puedo cambiar y ver el mundo como lo que es en verdad. No es para ver una mentira sobre el mundo. Es que el mundo es ese sentir, es ese ver, es esa energía instantánea. Sin interpretaciones. Cuando no hay interpretación, en sí, es lo que es, en positivo. Pleno. Estoy siempre tratándome conmigo mismo. Por eso esta persona, esta situación que ahora he mirado, la perdono. Pero no es que crea que hizo algo malo y la perdono, el perdón va más allá de eso, es la comprensión de que no se pudo hacer nada más, porque había un error. No hay nadie culpable, ni yo ni nadie. Es una detención aparente de la conciencia en forma de tiempo. Y lo verdadero es lo eterno, que no se puede explicar. No tiene palabras, la palabra “eterno” sólo es una burda aproximación. Desculpabilizo a esta persona y me desculpabilizo a mí, porque es verdad que todo el mundo soy yo, y es simplemente un error el haber pensado de esa manera, negativamente. Cuando se mira detenidamente, no una pasada rápida, el cielo o una montaña son un potencial de plenitud y de gozo, sin interpretarlo. De la misma manera es toda la vida, todo el mundo. Por eso cualquier persona que aparezca en mi mundo es urgente que la perdone, si la he culpabilizado. Una persona que aparezca en mi mundo contra mí, es importante perdonarla ya. Inmediatamente, si es posible. Sea quien sea.
O veo las cosas desde la verdad, o estoy en un lugar que no es nada, que es la detención, en forma de tiempo, en una idea y unos pensamientos irreales. La conciencia misma está amando a todas las formas. Es como si la conciencia pudiera hablar y dijera ahora: “Siempre te he querido, no para sacar ningún provecho de ti, sino porque somos lo mismo; siempre te he valorado, el padre y la madre que viviste, si hubo algún problema, era un amor pasado por un filtro erróneo mental. Era un amor despistado. Pero detrás de todo ese despiste está el amor que ahora te habla. Por eso, cuando mires nuevamente a tu padre y a tu madre, míralos con ese perdón claro, limpio, porque detrás de toda su historia personal estás tú. Siempre. No hace falta nada, porque es una cosa íntima. Ver con nuevos ojos, con nueva mirada, todo el mundo. Con amor, que es con perdón”.
Jordi Barqué Senar
14:46:16 . 27 Feb. 2009
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